Educación Emocional

 

La Educación Emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que potencia el desarrollo de las competencias emocionales como elemento vital del desarrollo humano, con el objetivo de capacitarle para la vida e incrementar el bienestar integral, individual y colectivo.

LAS EMOCIONES

La palabra emoción proviene del latín, del verbo «emovere» formado por «movere» que significa mover, trasladar e impresionar; y el prefijo «e/ex» que significa retirar, desalojar y hacer mover.

Por tanto, una emoción es algo que saca a uno de su estado habitual y que implica movimiento hacia una dirección concreta. 

El cuerpo reacciona a la emoción mediante una variedad de cambios físicos, los cuales son asimilados por el cerebro y traducidos al lenguaje de las emociones, y es entonces cuando aparecen los pensamientos y sentimientos.

Las emociones básicas son: Alegría, Miedo, Ira, Asco y Tristeza. Todas tienen funciones vitales para la supervivencia, por ello es imprescindible conocerlas bien y aprender a gestionarlas.

Mediante este pequeño fragmento de la película Inside Out (Intensamente) vamos a conocerlas mejor de una forma divertida:

 

  • ALEGRIA 

La alegría tiene una función de recompensa ante situaciones exitosas, con el objetivo de poder repetirlas en el futuro.

Dicho efecto positivo incide también en nuestra conducta social, haciéndonos más generosos, solidarios y predisponiéndonos a asumir responsabilidades, potenciando las relaciones interpersonales.

Cuando experimentamos ALEGRÍA se activa el sistema metabólico, se liberan endorfinas, se incrementan los neurotransmisores dopamina y serotonina, etc.

  • TRISTEZA

La TRISTEZA experimentada en un prolongado periodo de tiempo puede causar perjuicios a la salud y calidad de vida, pero en su justa medida, tiene interesantes funciones positivas. Por ejemplo:

  • Connotaciones sociales: Cuando alguien expresa tristeza, ello es interpretado por los miembros del grupo como una petición de atención, lo que propicia la conexión con los demás, fomentando la ayuda y el altruismo.
  • Connotaciones personales: Al ser una emoción muy reflexiva, invita a la introspección y a la reflexión.

Por otro lado, cuando experimentamos TRISTEZA, a nivel físico se da reducción de niveles de serotonina, abatimiento, pesadez corporal, brazos caídos, respiración superficial, comisura de los labios hacia abajo, entre otras.

  • ASCO

El ASCO nos protege de diferentes estímulos o situaciones peligrosas que pueden poner en peligro nuestra vida; por ejemplo, la ingesta de sustancias y objetos peligrosos para el organismo o del contagio de enfermedades. También provoca reacción de rechazo ante alimentos en mal estado u olores dañinos para el organismo.

Por otro lado, cuando experimentamos ASCO, a nivel físico se da aumento de actividad gastrointestinal, arcadas, ganas de escupir, salivación, etc.

  • IRA

La IRA suele estar presente en situaciones de conflicto, ya sean con otros o con nosotros mismos, y puede manifestarse tanto como una leve irritación, como un profundo resentir.   Experimentar esta emoción en dichas circunstancias, nos predispone a la acción en un intento de protegernos de aquello que nos hace daño.

Asimismo, todos los cambios físicos que se dan en nuestro cuerpo pretenden que hagamos acciones vigorosas y nos activa para la defensa o el ataque. Esos cambios físicos son por ejemplo, aumento de la respuesta cardíaca y la presión arterial, distribución sanguínea hacia los músculos esqueléticos largos, aumento en los niveles de adrenalina/noradrenalina, entre otros.

Si este estado de excitación permanece en el tiempo, solemos actuar de forma impulsiva y/o agresiva, además de poder iniciarse síntomas o enfermedades.

  • MIEDO

El miedo tiene la función de facilitar la respuesta de huida ante diferentes peligros. Asimismo, en función de las circunstancias, el miedo puede desencadenar una respuesta de inmovilidad ante un contexto, en el que, pasar desapercibido puede resultar una opción más eficiente para sobrevivir.

Cuando experimentamos MIEDO se da descarga de adrenalina, aumento de la tensión arterial, contracción muscular, relajación de esfínteres, respiración entrecortada y superficial, frente arrugada y ojos abiertos, etc.

Si experimentamos ésta emoción durante un tiempo prolongado, puede ser dañino para nuestra salud y calidad de vida.

El ser humano tiene la capacidad de revivir el miedo sin necesidad de estar expuesto al peligro real. El simple hecho de salir de nuestra zona de confort y probar cosas nuevas, ya nos dispara el miedo debido a creencias limitantes, por lo que normalmente no explotamos todo nuestro potencial debido a ello; y perdemos la oportunidad de vivir experiencias maravillosas y enriquecedoras.

Por tanto, si cambiamos la forma de observar las situaciones que experimentamos, podemos no solo incidir en nuestras emociones, si no también mejorar nuestra calidad de vida y conseguir el tan ansiado bienestar emocional.

Para ello, son vitales los momentos de meditación, introspección y observación consciente de uno/a mismo/a.

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